A medida que se acerca el fin del año escolar, la emoción y la ansiedad aumentan entre los estudiantes del último año de secundaria en el Este de Los Ángeles. Las escuelas se llenan los últimos meses con eventos como el baile de graduación, la noche de graduación en parques temáticos y otras salidas sociales.
Aunque estas actividades no son obligatorias, para muchos estudiantes representan una parte importante de la celebración del cierre de su etapa escolar.
Pero esa celebración viene con un precio alto. Los gastos del último año—además de las fotos, la toga y el birrete, y el anuario—pueden generar estrés en algunos estudiantes y sus familias, obligándolos a tomar decisiones difíciles sobre qué pueden costear.
Para ayudar a cubrir estos gastos, algunos estudiantes consiguen trabajos, inician pequeños negocios o hacen colectas. Otros simplemente se abstienen de participar, ya que los costos son demasiado altos.
Michelle Leon, estudiante del último año en la preparatoria Felicitas y Gonzalo Méndez, ha estado recaudando fondos desde el inicio del ciclo escolar, vendiendo de todo: palomitas, chocolates y donas Krispy Kreme.
“La recaudación de fondos que hago aligera la carga para mi papá, para que no tenga que pagar tanto”, dijo la joven de 18 años. Con lo recaudado, Michelle logró cubrir la mitad del costo de su boleto para la Noche de Graduación en Disneyland.
En el caso del baile de graduación, los boletos eran solo una parte del gasto. Michelle también tuvo que considerar el precio del vestido, peinado, maquillaje y zapatos.

Según un análisis de NorthJersey.com en 2025, los vestidos de prom oscilan entre $250 y $350. Los servicios de cabello, maquillaje y uñas, suman en promedio $300, y los zapatos y accesorios pueden agregar entre $150 y $200 más.
Por suerte, su vestido de $200 fue patrocinado por Emily Carrillo, maestra de educación especial en Méndez High.
Consciente de las dificultades económicas que enfrentan los estudiantes, Carrillo y otros maestros lanzaron “Dream Come True Closet”, un programa que permite que organizaciones colaboradoras cubran el costo de la vestimenta, joyería o boletos del baile de graduación para los estudiantes.
“Queremos que los estudiantes vayan al prom, y no queremos que la razón de su ausencia sea por cuestiones económicas”, dijo Carrillo.
A través de esta iniciativa, el personal escolar ha ayudado a 28 estudiantes a conseguir vestidos y ha apoyado a otros 10 comprándoles sus boletos para el baile de graduación.
“Si hay una forma de apoyar, lo vamos a hacer juntos, como comunidad”, agregó Carrillo. Su esperanza es seguir colaborando con pequeños negocios del centro de Los Ángeles que están dispuestos a ofrecer descuentos a los estudiantes de Méndez para comprar su ropa formal.

Pero no todas las escuelas locales ofrecen ese tipo de ayuda. Aaliyah Calderón, presidenta del cuerpo estudiantil en la preparatoria Roosevelt, ha notado que los altos precios están obligando a muchos estudiantes a escoger entre actividades como la noche de graduación o el baile.
Comentó que hay estudiantes que han empezado sus propios pequeños negocios haciendo extensiones de pestañas, uñas o cortes de cabello para ahorrar dinero para los eventos de fin de curso.
Roosevelt organiza actividades gratuitas o de bajo costo, como un evento donde los estudiantes se reúnen en el campo escolar para ver el amanecer—una tradición que permite que más personas participen.
Además, la escuela planeaba rifar algunos boletos gratuitos para el prom, que normalmente cuestan desde $135.
Calderón mencionó que el centro universitario de su escuela “ya regaló dos boletos para el baile solo por llenar la FAFSA”.

Para Ema Clemons, estudiante de último año en la preparatoria Francisco Bravo, meses de recaudación de fondos fueron desalentadores: apenas logró reunir una parte del dinero para su boleto del baile, que costaba $150, y el de la noche de graduación, de $275.
Como muchas escuelas, Bravo implementa un sistema de “cuotas del último año”, en el que los estudiantes compran un paquete que incluye camiseta conmemorativa, anuario, foto panorámica, recuerdo, desayuno de graduación, portada del diploma y una medalla, todo por $190.
“Mi escuela no ayuda. Hemos hecho recaudaciones en Panda Express y casi no va nadie, así que no conseguimos dinero”, dijo Clemons.
Al saber que su familia no podía costear estos gastos, Ema decidió trabajar además de asistir a la escuela.
“Mi mamá es madre soltera. Cuida de tres personas. Son tres bocas que alimentar”, contó. “Eso le causa estrés a mi mamá, porque ahora tiene que preocuparse por otro hijo el próximo año. Mi hermano entra a su último año el año que viene.”