One of nine courses served at Wolvesmouth. Photo by Maria Arredondo

Junto a Boyle Heights, en un lugar secreto del otro lado del puente, se encuentra uno de los mejores lugares para cenar en Los Angeles. No se  trata de un restaurante mexicano, ni siquiera es un restaurante, pero algo de ese lugar me hizo recordar las cenas con mi familia en Boyle Heights.

El lugar se llama “Wolves Mouth” (Boca de lobos) y es un emprendimiento del chef Craig Thornton. La única manera de poder participar es enviando una solicitud por correo electrónico, y si se tiene mucha suerte, recibirá una respuesta con una invitación.

El lugar se mantiene secreto hasta el día del evento, incluso para los invitados.

Yo había oído hablar de estas cenas improvisadas y secretas o clubes para cenar, pero nunca había ido a una.   El chef Thorton invitó a mi novio, que también es chef, después de visitar el restaurante donde él trabaja.

La cena tuvo lugar en un loft ubicado en el Distrito de Arte de Los Angeles, a unas tres millas de mi hogar en Boyle Heights. En la mitad del loft se encontraba una larga mesa para la cena, con capacidad para unas 20 personas. La habitación estaba rodeada de una colección de animales embalsamados, mientras que las paredes estaban cubiertas de obras de arte para ser disfrutadas por los invitados.

Si bien el entorno era diferente, la mesa llena de personas y la música de fondo me hizo recordar las reuniones que organizábamos con mi familia durante mi infancia. Este evento fue de tipo informal, como en los que cada uno trae la bebida de su preferencia, convirtiéndolo en una experiencia menos sofisticada de lo que se puede pensar.

Disfrutamos de nueve platos, todos ellos muy bien logrados, llenos de sabor y excelentemente preparados. El primero fue un bife de lomo, plátanos, brócoli tempura, ensalada con tallos de brócoli, aioli con menta, salsa de frijoles negros y piña. Pueden parecer demasiados ingredientes, pero al probar un bocado, uno se da cuenta de que todo está muy bien equilibrado y cada elemento complementa al resto.   El frijol negro de este plato me recordó mucho a los frijoles refritos que mi madre solía preparar para la cena. Fue muy reconfortante.

El primer plato estableció el tono de toda la cena: se trataba de porciones pequeñas pero llenas de sabor. Todas las personas a la mesa quedaron muy asombradas.  ¿Cómo algo tan pequeño y sencillo puede ser tan delicioso?

Uno de mis platos preferidos es el cerdo: tamales de puerco, carnitas, chicharrones, lo que sea. Cuando vi que uno de los platos era panceta de cerdo, me sentí en el paraíso.

El quinto plato fue mi preferido: panceta de cerdo, piquillo, aioli con tinta de calamar, papas, almendras, perejil y crema con tinta de calamar. Probé la panceta de cerdo muchas veces, pero nunca como ésta. Las almendras realzaban y combinaban muy bien todos los sabores, y así se convirtió en uno de mis platos preferidos de todos los tiempos.

Uno de los tres postres que se sirvieron tenía algo llamado escarcha de limón. Fue como tomar un raspado, pero el hielo estaba triturado más fino.

Mientras estábamos sentados a la mesa y se servían los platos, pensábamos: “no son porciones grandes” pero al quinto plato comenzábamos a preguntarnos si podríamos llegar al noveno plato.

Al igual que en las reuniones de mi familia en las que todos nos sentamos a charlar, ponernos al día y beber, las horas pasan volando y antes de darnos cuenta, consumimos tanta comida que después necesitamos de un día entero para recuperarnos. Lo mismo ocurrió aquí. Entre cada plato recorríamos la habitación, conversábamos con otras personas, disfrutábamos de las obras de arte y de la música de fondo, y continuábamos compartiendo con estas personas, que para entonces, ya no eran extrañas.

Nota de la autora: Mi novio y yo disfrutamos tanto de esta experiencia que decidimos establecer un lugar de cenas en nuestro hogar, al este del Río Los Angeles. Estén atentos a mi próximo artículo en el que les contaré cómo estuvo nuestro evento.

María Arredondo es una madre que trabaja a tiempo completo pero siempre tiene tiempo para sentarse y disfrutar de una comida con su familia. María nació y creció en Boyle Heights, donde recientemente compró una vivienda y vive con su novio, sus dos hijos y la hermana de su novio. Se llama a sí misma una “amante accidental de la gastronomía” y le encanta escribir.

Maria Arredondo is a full-time working mom who always finds time to sit and have a meal with her family. Maria was born and raised in Boyle Heights where she currently lives with her husband, daughter, son and her two puppies. She calls herself an “Accidental Foodie” and loves to write.

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