
Las colchonetas de color azul y gris se distribuyen por todo el piso, mientras que los ecos de los saltos se oyen por todo el gimnasio. En las barras asimétricas, un estudiante se balancea desde la barra más baja a la más alta. Una fila de niños pequeños espera usar el trampolín para realizar el paro de manos, mientras que las niñas más grandes hacen volteretas sobre la angosta viga de equilibrio de madera.
Las clases de gimnasia, como las que se ofrecen en el Centro Recreativo Aliso Pico, no se encuentran frecuentemente en comunidades de bajos ingresos como Boyle Heights. Para estas clases, dirigidas a jóvenes entre 4 y 17 años, se necesitan instructores con experiencia y vastos conocimientos, además de equipos costosos, como la viga de equilibrio, las barras asimétricas, el caballo/cajón y las colchonetas para los ejercicios de piso.
Joyce Nishimuro, de 67 años, comenzó el programa de gimnasia en Aliso Pico en el año1989 para la ciudad de Los Angeles, que en aquel entonces gestionaba el centro recreativo. Como antigua bailarina e instructora, Nishimuro trabajó 16 horas al día para que el centro estuviera preparado para comenzar a funcionar.
En aquel momento el gimnasio no tenía equipos ni baños, y además había mucha actividad de pandillas en la zona. El objetivo de Nishimuro fue crear un refugio seguro. “Me dieron ese centro en un estado calamitoso. Quería que fuera un lugar animado y atractivo para que vinieran los niños”, dice Nishimuro.
Nishimuro, que no tenía ninguna conexión personal con Boyle Heights, escribió cartas a organizaciones y solicitó subsidios para obtener fondos que le permitiesen comprar los equipos y realizar mejoras al centro recreativo.También enseñó clases de gimnasia en el centro hasta jubilarse hace siete años.
Cuando recién comenzó el programa, los estudiantes de todos los niveles eran asignados a una sola gran clase y sólo tenían un día de práctica por semana. Hoy, se dictan clases los miércoles, jueves y sábados para cuatro niveles de estudiantes, desde principiantes a avanzados.
Si bien las clases semanales de gimnasia en otros centros de Los Angeles pueden costar hasta $740 dólares por mes, el costo de las clases de Aliso Pico es de $10 dólares cada tres meses.
De estudiante a instructora
Dalila Díaz, de 29 años, comenzó a tomar clases de gimnasia en Aliso Pico cuando tenía 8 años. Nishimuro entrenó a Díaz como instructora cuando cumplió 15 años, y hoy Díaz cumple 14 años como instructora.
En los tiempos en que entrenaba, Díaz recuerda que su instructora cerraba las puertas del gimnasio por los tiroteos de las pandillas que se oían en la zona. Con vidrios antibala, este centro funcionaba como una manera de escapar a la violencia que se experimentaba en la comunidad.
Julio Medrano, de 17 años, toma clases de gimnasia desde hace dos años, junto con sus dos hermanos menores. “Me gusta la gimnasia artística porque es una manera de llevar un estilo de vida saludable”, dice.
Díaz afirma que las oportunidades, como las clases de gimnasia, son de beneficio para Boyle Heights. “Es bueno ofrecer habilidades a todos en la comunidad”, señala Díaz. Los residentes saben que Aliso Pico ofrece “muy buenas clases que son asequibles y cuentan con buenos instructores dedicados y comprometidos”.
El programa de gimnasia ha sido administrado desde agosto por Proyecto Pastoral, una organización sin fines de lucro a quien la ciudad le otorgó recientemente la administración del centro recreativo. Es la única clase de gimnasia en Boyle Heights.
Enriquecimiento de la mente y el cuerpo

Ara Arzumanian, directora del programa después del horario escolar del centro, señala que la meta es “enriquecer las vidas de los jóvenes a través de la mente y el cuerpo, además de enseñarles a hacer cosas que pensaban que nunca podrían hacer”.
Si bien las clases enseñan mucha disciplina y habilidades, también son divertidas. Miguel Medrano, de 12 años, señala que le gusta pasar tiempo en el centro con sus hermanos. Su aparato preferido son las barras asimétricas. “Me gusta balancearme en las barras porque me recuerda a los monos”, dice.
En este programa, los estudiantes usan las barras, la barra de equilibrio y el caballo, además del suelo. Díaz afirma que se necesita de un gran compromiso para convertirse en gimnasta. “Es difícil lograr ser más fuerte, tener más resistencia, hacer más series, pararse de manos más tiempo, aprender a rodar o a pararse en la barra”, dice. “Pero uno aprende a cargar su propio peso”.
Nishimuro ya no participa en el programa, pero coincide en que para convertirse en gimnasta se necesita mucho trabajo y devoción. “Se trata de tener gran disciplina. Hay que trabajar mucho y no darse por vencido hasta lograr el objetivo”, dice.
El Centro Recreativo Aliso Pico está ubicado en 370 South Clarence St. Para obtener más información sobre las clases, llamar al (323) 264-5261.