Por Esmeralda Ortiz y Samantha Silva

La cantidad de personas sin techo que viven en Boyle Heights y las zonas aledañas ha descendido durante el año pasado. Sin embargo, debido a su continuo aumento en otras áreas de la ciudad y del condado Los Ángeles, el alcalde Eric Garcetti ha presentado una propuesta presupuestaria orientada a revertir esta situación que continúa empeorando.

Durante el próximo año fiscal, el acalde Eric Garcetti espera destinar 138 millones de dólares de los fondos municipales para combatir esta situación de personas sin techo en toda la ciudad. Con este plan se podría reducir y prevenir la cantidad de personas sin techo en el Condado Los Ángeles, incluido Boyle Heights, señala un miembro de su equipo.

El Concejo apoya gastar 1.870 millones de dólares durante la próxima década en un ambicioso plan para albergar a la mayoría de las personas sin techo de la zona. Además, los gastos propuestos por Garcetti serían los primeros fondos gastados bajo el plan.

El Consejo también votó a finales de junio en añadir un bono de 1.2 millones de dólares en la bolete de noviembre para abordar la crisis de los indigentes en la ciudad.

Existen diversos motivos por los cuales las personas terminan en situaciones sin techo. Tres residentes de Boyle Heights cuentan su historia de vida, las que incluyen conflictos familiares, problemas de salud y situaciones de injusticia.

Hombre de 59 años sin techo y con problemas de salud

Vestido con una camisa vieja y sucia, y acostado sobre algunas mantas encima de una superficie rocosa, José Solano, de 59 años, explica cómo pasó de ganarse la vida a vivir debajo de un puente en Hollenbeck Park. Hace siete años, cuando le diagnosticaron problemas de riñón y le informaron que necesitaría un trasplante, perdió las ganas de vivir y decidió abandonar todo lo que tenía.

Solano, nacido en México y con tres hijas, actualmente de 14, 9 y 8 años, a las que no ve desde que se aisló del mundo. Dice que las abandonó para evitar que le tuvieran compasión.

“Me jubilé y regalé todo”, dice Solano. “Mi pareja me dejó, regalé todas mis cosas y me fui a dormir al parque”.

Junto a él tiene un carro de supermercado cargado de objetos, como mantas, tortillas, envases con comida y artículos personales. Cuelga los calcetines del carro para que se sequen.  Dice que los voluntarios de la Parroquia de Santa Isabel ubicada en Soto Street son los que le dan esos artículos.

Siente que todavía está vivo gracias a su fe en Dios. “Ya han pasado varios años y me siento mejor que antes”, dice Solano. Antes no podía caminar y ahora puedo caminar. Fíjate que me siento bien, me siento sano en el espíritu y sano en el cuerpo”.

Una madre sola con cinco hijos

Fanny Ortiz, de 41 años, afirma que debido a una investigación de los Servicios de Protección Infantil, la que surgió a raíz de denuncias de su ex esposo, ella debió abandonar su hogar y perdió la custodia de sus cinco hijos.

Es una de las personas sin techo que permanecen “ocultas” ya que tiene un lugar donde dormir y se mantiene fuera de la vista pública, pero igual necesita una vivienda permanente.

Terminó viviendo en su automóvil por una noche y luego buscó refugio en la casa de su madre durante un mes. En busca de apoyo moral, vivió en la casa de su hermana mayor durante 10 meses y con su hermana menor durante un año. Durante ese tiempo continuó con su trabajo en la Autoridad de Transporte Metropolitano del Condado Los Ángeles.

Intentó mantenerse ocupada para evitar pensar demasiado y deprimirse, pero con el tiempo, no pudo evitar desplomarse.

“Trabajaba horas extra, iba a clases, salía a correr, pero sentía la soledad cuando lavaba la ropa, porque solo tenía una carga para hacer y extrañaba no hacer las demás cosas, como cocinar para ellos, llevarlos a la escuela. Por eso, me dije a mí misma: ‘Está bien, no siempre va a ser así. Va a cambiar’”, señala Ortiz.

Toda esta situación no solo era difícil para Ortiz sino también para sus hijos.

Después de pasar dos años sin hogar, ahora vive con sus hijos en un apartamento en Boyle Hotel-Cummings Block cerca de la Plaza Mariachi.  

“Ha sido un largo proceso”, afirma. “Mi hijo recién comenzó a hacer amigos el año pasado”.

Ortiz ahora lleva una rutina en su hogar, donde cuida de su hija con necesidades especiales. Recibe un ingreso de los Servicios de Apoyo en el Hogar por cuidar de su hija y ya no trabaja para la Autoridad Metropolitana.

“El único motivo por el que no me di por vencida fue por mis hijos”, dice. “Quería mostrarles que ellos todavía podían ser niños y disfrutar de su infancia”.

“Solía hacer mucho ejercicio e ir a clases, pero dejé de hacerlo cuando mi vida cambió completamente”, señala Ortiz. “Mi vida no era como yo pensaba. Todo en la vida cambia, y si hay algo constante, es el cambio”.

Adolescente local sin techo

Una estudiante de la escuela preparatoria no debería tener que preocuparse a dónde ir a la salida de clases. Debería poder ir a un lugar llamado hogar.

El 4 de julio del año pasado, una adolescente local a la que llamaremos “Mary”, no pasó tiempo con su familia ni celebró el día festivo porque tenía que empacar y dejar su apartamento.

Mary y su familia fueron desalojados de su apartamento a causa de una disputa por el alquiler.

En ese momento, Mary vivía en el Valle de San Fernando, pero sus raíces se encontraban en Boyle Heights. Por lo tanto, cuando quedó sin techo, sintió una gran tensión al tener que dejar su vieja vida, sus amigos y aquellas personas que eran como su familia.

“Miré mi habitación y sabía que tenía que sacar todo”, afirma la estudiante de 17 años de la Escuela Preparatoria Felicitas y Gonzalo Méndez. “Realmente me dolió ver cómo sacaban todas las cosas de mi madre. Me dolió mucho”.

Mary se mudó con su madre y sus dos hermanos menores a un hogar de refugio en Boyle Heights donde se quedaron seis meses. Todos dormían en la misma habitación y compartían la comida, la cocina y el baño con otras personas.

“Me costó mucho adaptarme al refugio”, dice Mary. “Lo odiaba. No había libertad, teníamos que regresar a cierta hora y no podíamos salir sin un supervisor”.

Mientras no tenía hogar, debió asumir el papel de madre con sus hermanos menores, a quienes cuidaba después de la escuela.

“Intentaba ser fuerte para ellos y no llorar delante de ellos”, dice. “Me preguntaban: ‘¿Dónde está nuestra casa? ¿Qué pasó? ¿Por qué la perdimos? “Eso me dolía”, afirma Mary.

“Me ponía muy pero muy mal. No sabía cómo responderles. Fue realmente muy malo. Solo intentaba mantenerme fuerte”.

La gente no sabía que Mary no tenía techo porque ella no quería la compasión de nadie.

“Lo escondía”, dice. “No quería que nadie se sintiera mal o se riera de mí, porque eso me resultaría horrible. No quería que nadie supiera sobre mi situación. Me lo guardaba solo para mí”.

La familia pudo mudarse a fines de febrero a un hogar que alquila y por el que recibe un subsidio de la Sección 8 como ayuda para pagar el alquiler. Mary dice que está feliz ahora que su familia encontró un hogar, pero que después de haber experimentado estar sin techo, su visión del mundo cambió.

“Me siento más libre”, dice. “Vuelvo a casa y estoy feliz de saber que tengo una cama donde descansar, que tengo mi propio espacio”.

“Mis hermanos menores están felices. Me hace sentir bien saber que ahora tenemos un hogar. Es un sentimiento increíble”.

Mary también valora más las pequeñas cosas. “Valoro más las cosas, después de todo lo que hemos tenido que pasar”, señala. “Valoro mucho cómo pasamos de estar en un lugar malo a algo mucho mejor. Siempre me digo que tengo que ser fuerte sin importar cuál sea la situación, porque lo bueno va a llegar”.

Todas las fotos de Ernesto Orozco.

Boyle Heights Beat is a bilingual community newspaper produced by its youth "por y para la comunidad". The newspaper and its sister website serve an immigrant neighborhood in East Los Angeles of just under 100,000. Read more about our team

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *