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El handball ayuda a hacer ejercicio y aliviar el estrés

Foto de Jose Barber.

Son las 5:30 p.m. del jueves y un equipo formado por cuatro hombres, en su mayoría mayores de 50 años, corren por la cancha de handball de Hazard Park.

Los pies se mueven más rápido que los cuerpos mientras golpean y se pasan una pequeña pelota azul y estos golpes crean un eco que se oye en toda la cancha.

“ ¡Bola!”, grita uno de los hombres del grupo, indicando el inicio del partido, mientras que los otros se colocan en posición, ignorando las gotas de sudor que corren por sus rostros y caen sobre el pavimento.

El handball se practica los días de semana hasta el atardecer y los fines de semana por la mañana en diversos parques municipales y escuelas de todo Los Angeles. Es semejante al handball de la escuela, pero en vez de jugarse con una pelota roja grande, se usa una bola de tres pulgadas que hay que rebotar contra el hormigón y golpear entre dos y tres paredes.

Si bien no es un deporte de práctica masiva, el juego es popular en los vecindarios de clase obrera como Boyle Heights, donde juegan la mayoría de los hombres latinos. Casi sin ningún costo, el handball ofrece a los jugadores una manera de aliviar el estrés y hacer un poco de ejercicio al tiempo que participan de partidos intensos pero amistosos.

Mateo Covarruvias, de 47 años, comenzó a jugar hace 15 años cuando su hermano lo llevó a una cancha de handball. Al principio no le gustó el juego, su deporte era el fútbol. Pero después de observar los partidos durante un año, comenzó a jugar con los demás jugadores en la cancha.

“Yo miro este juego como un deporte donde uno suda y corre”, dice Covarrubias, pintor de viviendas que vive a dos cuadras del parque. “Esto es mi único ejercicio”.

Covarrubias se une a los jugadores alrededor de tres veces a la semana en Hazard Parkotras canchas de la zona, aunque no solo va a jugar. A menudo se sienta al costado de la cancha junto a otras personas que les gusta disfrutar de las bromas y la competencia masculina.

“Aquí venimos para aliviar el estrés. Uno viene a la cancha y se olvida de todos los problemas y sólo piensa en el juego”, dice.

El juego es distinto del handball profesional, que se jugó por primera vez en los Juegos Olímpicos de verano en 1936. El handball profesional no usa las paredes, se juega en espacios interiores e incluye siete jugadores en cada equipo que intentan marcar tantos contra el arco rival. El juego que se juega en estas canchas al aire libre es más informal. Las reglas varían de una cancha a otra y a menudo los partidos son entre dos jugadores rivales o equipos de a dos.

Durante una tarde de abril en Hazard Park, Sebastián Martínez Cortez, un jugador veterano de 52 años, se limpia el sudor de su cabeza calva mientras descansa un poco para recuperar el aliento y hablar sobre el juego. Sigue la pelota con los ojos mientras estudia todos los movimientos del rival.

A Martínez Cortez se lo considera el mejor jugador de Hazard Park. Ha ganado el primer puesto en varios torneos locales y tiene más de 40 años de experiencia en el deporte. Aprendió a jugar este tipo de handball en su pueblo natal de Guadalajara, México, donde el juego se conoce con el nombre de “rebote” o “frontón”.

“Este juego lleva varias generaciones. Mi abuelo jugaba, mi papá, yo, mis hijos, mi nieto”, dice Martínez Cortez, que recuerda cuando su padre lo llevaba a mirar a su abuelo jugar y ahora él trae a sus descendientes.

Si bien a veces se organizan torneos, los jugadores generalmente se encargan de continuar la tradición que hace décadas forma parte del Este de Los Angeles.

Las Canchas Maravilla de Handball en el Este de Los Angeles son las más antiguas de la ciudad, y las canchas de Hazard Park son importantes para mucho porque fueron uno de los lugares de convocatoria en las protestas de los estudiantes chicanos en 1968.

“Es gracias a esta historia que algunos activistas lucharon para conservar las canchas cuando la Universitdad del Sur de California (USC) presentó el verano pasado planes para ampliar las instalaciones de los programas de ciencias sociales. Algunos miembros de la comunidad protestaron porque el plan incluía la ampliación de la calle, lo que obligaba el traslado de las canchas de handball a otra parte del parque.

“Las canchas de handball son un elemento central, son parte del parque”, dice George Madrigal, asistente de recreación de Hazard Park.

Si bien USC decidirá en última instancia si las canchas podrán permanecer en su lugar actual, otras canchas de Los Angeles y el Condado Orange se han eliminado por otros motivos, incluyendo la asociación negativa con el deporte, afirma Gary Cruz, director de programas de desarrollo para jugadores de la Asociación de Handball del Sur de California.

“Es lo primero que le viene [a la gente] a la mente cuando oyen la palabra ‘handball’: el juego que se juega en la cárcel”, agrega Cruz, que hace más de 50 años que juega al handball y ahora enseña a otros a practicar este deporte.   

Según Cruz,algunas escuelas y parques comenzaron a eliminar las canchas de handball debido a conductas ilícitas, como merodear y consumir bebidas alcohólicas. La solución, dice Cruz, puede ser tan sencilla como enseñar el deporte en las escuelas y los parques para que pueda ganar más respeto.

Los vecinos de Hazard Park dicen que si bien a veces las personas sin techo dejan sus pertenencias en las canchas, no han oído sobre problemas causados por los jugadores de handball.

Madrigal describe a los jugadores como hombres normales que van a jugar después de largas horas de trabajo, se encargan de mantener las canchas y no le causan molestias a nadie. Solo juegan al handball y no se meten con nadie”.

Ganen o pierdan, los jugadores se acercan a las canchas para distenderse un par de horas y disfrutar de la adrenalina que genera el juego. Es un simple pasatiempo muy valioso para muchos de ellos.

“Mi esposa se enoja porque siempre estoy acᔝ, dice Covarruvias, que considera las canchas como su segundo hogar. Uno de los beneficios más grandes, dice, es “la emoción de ganarle a fulano que es mejor que yo. Me vuelvo a casa bien a gusto y duermo bien. Y mañana ese fulano me va a ganar”.

José Barber is senior at Alliance Media Arts and Entertainment Design High School. In his free time, he likes to spend time at Hazard Park, watch sports and hang out with friends and family. He hopes to attend the University of Oregon or the University of Southern California to study psychology and communication.

José Barber cursa el 12 º grado en la Escuela Preparatoria Alliance de Artes Mediáticos, Entretenimiento y Diseño. En su tiempo libre le gusta pasar tiempo en Hazard Park, mirar deportes y dedicar tiempo a sus amigos y familiares. Espera estudiar psicología y comunicación en la Universidad de Oregon o en la Universidad del Sur de California (USC).

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"Yo miro este juego como un deporte donde uno suda y corre", dice Covarrubias, pintor de viviendas que vive a dos cuadras del parque. Foto de Jose Barber.
“Yo miro este juego como un deporte donde uno suda y corre”, dice Covarrubias, pintor de viviendas que vive a dos cuadras del parque. Foto de Jose Barber.

Son las 5:30 p.m. del jueves y un equipo formado por cuatro hombres, en su mayoría mayores de 50 años, corren por la cancha de handball de Hazard Park.

Los pies se mueven más rápido que los cuerpos mientras golpean y se pasan una pequeña pelota azul y estos golpes crean un eco que se oye en toda la cancha.

“ ¡Bola!”, grita uno de los hombres del grupo, indicando el inicio del partido, mientras que los otros se colocan en posición, ignorando las gotas de sudor que corren por sus rostros y caen sobre el pavimento.

El handball se practica los días de semana hasta el atardecer y los fines de semana por la mañana en diversos parques municipales y escuelas de todo Los Angeles. Es semejante al handball de la escuela, pero en vez de jugarse con una pelota roja grande, se usa una bola de tres pulgadas que hay que rebotar contra el hormigón y golpear entre dos y tres paredes.

Si bien no es un deporte de práctica masiva, el juego es popular en los vecindarios de clase obrera como Boyle Heights, donde juegan la mayoría de los hombres latinos. Casi sin ningún costo, el handball ofrece a los jugadores una manera de aliviar el estrés y hacer un poco de ejercicio al tiempo que participan de partidos intensos pero amistosos.

Mateo Covarruvias, de 47 años, comenzó a jugar hace 15 años cuando su hermano lo llevó a una cancha de handball. Al principio no le gustó el juego, su deporte era el fútbol. Pero después de observar los partidos durante un año, comenzó a jugar con los demás jugadores en la cancha.

“Yo miro este juego como un deporte donde uno suda y corre”, dice Covarrubias, pintor de viviendas que vive a dos cuadras del parque. “Esto es mi único ejercicio”.

Covarrubias se une a los jugadores alrededor de tres veces a la semana en Hazard Parkotras canchas de la zona, aunque no solo va a jugar. A menudo se sienta al costado de la cancha junto a otras personas que les gusta disfrutar de las bromas y la competencia masculina.

“Aquí venimos para aliviar el estrés. Uno viene a la cancha y se olvida de todos los problemas y sólo piensa en el juego”, dice.

El juego es distinto del handball profesional, que se jugó por primera vez en los Juegos Olímpicos de verano en 1936. El handball profesional no usa las paredes, se juega en espacios interiores e incluye siete jugadores en cada equipo que intentan marcar tantos contra el arco rival. El juego que se juega en estas canchas al aire libre es más informal. Las reglas varían de una cancha a otra y a menudo los partidos son entre dos jugadores rivales o equipos de a dos.

Durante una tarde de abril en Hazard Park, Sebastián Martínez Cortez, un jugador veterano de 52 años, se limpia el sudor de su cabeza calva mientras descansa un poco para recuperar el aliento y hablar sobre el juego. Sigue la pelota con los ojos mientras estudia todos los movimientos del rival.

A Martínez Cortez se lo considera el mejor jugador de Hazard Park. Ha ganado el primer puesto en varios torneos locales y tiene más de 40 años de experiencia en el deporte. Aprendió a jugar este tipo de handball en su pueblo natal de Guadalajara, México, donde el juego se conoce con el nombre de “rebote” o “frontón”.

“Este juego lleva varias generaciones. Mi abuelo jugaba, mi papá, yo, mis hijos, mi nieto”, dice Martínez Cortez, que recuerda cuando su padre lo llevaba a mirar a su abuelo jugar y ahora él trae a sus descendientes.

Si bien a veces se organizan torneos, los jugadores generalmente se encargan de continuar la tradición que hace décadas forma parte del Este de Los Angeles.

Las Canchas Maravilla de Handball en el Este de Los Angeles son las más antiguas de la ciudad, y las canchas de Hazard Park son importantes para mucho porque fueron uno de los lugares de convocatoria en las protestas de los estudiantes chicanos en 1968.

“Es gracias a esta historia que algunos activistas lucharon para conservar las canchas cuando la Universitdad del Sur de California (USC) presentó el verano pasado planes para ampliar las instalaciones de los programas de ciencias sociales. Algunos miembros de la comunidad protestaron porque el plan incluía la ampliación de la calle, lo que obligaba el traslado de las canchas de handball a otra parte del parque.

“Las canchas de handball son un elemento central, son parte del parque”, dice George Madrigal, asistente de recreación de Hazard Park.

Foto de Jose Barber.
Foto de Jose Barber.

Si bien USC decidirá en última instancia si las canchas podrán permanecer en su lugar actual, otras canchas de Los Angeles y el Condado Orange se han eliminado por otros motivos, incluyendo la asociación negativa con el deporte, afirma Gary Cruz, director de programas de desarrollo para jugadores de la Asociación de Handball del Sur de California.

“Es lo primero que le viene [a la gente] a la mente cuando oyen la palabra ‘handball’: el juego que se juega en la cárcel”, agrega Cruz, que hace más de 50 años que juega al handball y ahora enseña a otros a practicar este deporte.   

Según Cruz,algunas escuelas y parques comenzaron a eliminar las canchas de handball debido a conductas ilícitas, como merodear y consumir bebidas alcohólicas. La solución, dice Cruz, puede ser tan sencilla como enseñar el deporte en las escuelas y los parques para que pueda ganar más respeto.

Los vecinos de Hazard Park dicen que si bien a veces las personas sin techo dejan sus pertenencias en las canchas, no han oído sobre problemas causados por los jugadores de handball.

Madrigal describe a los jugadores como hombres normales que van a jugar después de largas horas de trabajo, se encargan de mantener las canchas y no le causan molestias a nadie. Solo juegan al handball y no se meten con nadie”.

Ganen o pierdan, los jugadores se acercan a las canchas para distenderse un par de horas y disfrutar de la adrenalina que genera el juego. Es un simple pasatiempo muy valioso para muchos de ellos.

“Mi esposa se enoja porque siempre estoy acᔝ, dice Covarruvias, que considera las canchas como su segundo hogar. Uno de los beneficios más grandes, dice, es “la emoción de ganarle a fulano que es mejor que yo. Me vuelvo a casa bien a gusto y duermo bien. Y mañana ese fulano me va a ganar”.

Xochil Ramirez is a senior at Math, Science and Technology Magnet Academy at Roosevelt High School. She enjoys hiking, writing, and listening to classic rock music. She has a strong passion for social justice and aspires to major in sociology.

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