
‘De Boyle Heights a la universidad’ es una serie ocasional creada por ex periodistas jóvenes del Pulso de Boyle Heights sobre los retos y los éxitos enfrentados durante sus primeras experiencias en la universidad. ¡Estén atentos a otras ediciones!
Han pasado un par de semanas desde que dejé mi hogar en el Este de Los Angeles para ir a estudiar a la Universidad de Redlands. Hasta el momento, estoy disfrutando de todo lo que Redlands tiene para ofrecer, aunque a menudo evoco recuerdos de mi infancia en Boyle Heights.
La vida en Redlands es muy diferente a la vida en mi vecindario. Tengo que motivarme para asistir a los eventos de orientación y a las prácticas. Mi agenda es el único recordatorio. He conocido a varias personas, ahora conozco gente de Massachusetts, Nevada y Oregon. Incluso hay personas desconocidas que entablan una conversación conmigo simplemente al pasar a mi lado. El ambiente en mi residencia estudiantil es siempre ajetreado y ruidoso. Me va a llevar tiempo adaptarme a todo eso, pero estoy trabajando en ello.
La ciudad de Redlands es realmente muy bonita. Hay muchos árboles y huertos de naranjos en esta zona. Si bien hay también muchas tiendas de las grandes cadenas, la atmósfera de la zona se parece a un pueblo pequeño donde las personas son amables y los edificios son de arquitectura antigua. A pesar de su apariencia, hay muchas actividades y eventos en esta ciudad. Espero con entusiasmo conocer mejor este lugar donde viviré durante los próximos cuatro años.
En cuanto a las clases, estoy haciendo todo lo que quería. Además de Francés I, Cálculos III y Ciencias Informáticas, estoy tomando un “Seminario sobre el primer año” que es básicamente un curso introductorio a la universidad (con un toque específico). El “Seminario sobre el primer año” se basa en el concepto de “liderazgo auténtico”, que hace referencia a lo que significa ser un líder y cómo dar un paso al frente cuando se necesita. La profesora es muy agradable ( ¡hasta nos trajo pizza!) y tengo mucho entusiasmo por seguir adelante con esta clase durante el semestre.
A pesar de lo cómodo que me siento en Redlands, igual extraño a Boyle Heights. No sé si es que allí hay una fuerte conexión cultural o que las personas comparten antecedentes semejantes, pero siempre he sentido la necesidad de volver. Extraño caminar a El Mercadito y disfrutar de una nieve de limón con churros, tomar el autobús 68 hacia Soto Street y mirar los patos corretear en el Parque Hollenbeck. Sin embargo, confío en que una vez que regrese a Boyle Heights seré una persona más fuerte, más inteligente y más preparada, lista para solucionar los problemas que mi comunidad pueda enfrentar.