
Durante una hora a la semana, Samantha Guerrero, de 4 años, asiste a una clase de baile en Boyle Heights donde deja el corazón bailando.
Durante un martes reciente por la tarde, Samantha practicó pasos entrecruzados, además de saltar y girar un ritmo vibrante en el Centro de Tecnología para Jóvenes de Boyle Heights. También usó los brazos y el torso superior para mantener el equilibrio mientras daba patadas en el aire.
Samantha, que vive en el Este de Los Angeles, está aprendiendo el breakdancing con los Boyle Heights Breakers, un grupo de adultos jóvenes que viven en vecindarios como Boyle Heights, Echo Park y Pasadena. Incluso hay unos estudiantes de intercambio de Japón que se suman a las clases dos veces a la semana para mostrar sus habilidades de baile.
El breakdancing, conocido originalmente como b-boying, tiene sus orígenes a finales de la década de 1960. Se cree que comenzó con personas en las calles de la Ciudad de Nueva York que realizaban competencias de baile. Muchos reconocen a James Brown, un cantante de funk y bailarín de la década de 1970, además de las películas de Kung Fu, como las influencias más tempranas de este estilo de baile.
Si bien el breakdancing comenzó en las calles, este baile se ha vuelto parte de una cultura popular, representada por profesionales en populares videos musicales y anuncios de publicidad.
Los Boyle Heights Breakers ofrecen una oportunidad a los jóvenes para expresarse.
Inculca disciplina
Joel Aquino, de 22 años y residente de Boyle Heights, hace unos cinco años que practica el breakdancing y forma parte de los Boyle Heights Breakers. Considera que el breakdancing le ha ayudado a mantenerse enfocado y ser más responsable.
“El baile me ayudó a quedarme en casa”, dice Aquino. “Tenía otros amigos que comenzaron a dedicarse a los graffitti y a otras actividades de pandillas”.

Delia Ramírez, de 38 años, es la mamá de Samantha Guerrero. Le gusta que su hija participe en el grupo de baile porque desea que Samantha aproveche las oportunidades que ella nunca tuvo.
“Yo estuve expuesta a las pandillas y las drogas”, dice Ramírez. “No quiero que ella crezca así. Esto la mantiene ocupada y vinculada con la comunidad”.
En el pasado, los bailarines tenían dificultad para encontrar un lugar donde practicar y hacer sus actuaciones. Pero poco después de que se inaugurara la estación de la Línea Dorada en la Plaza del Mariachi en el año 2009, un grupo informal de 10 a 15 bailarines comenzó a practicar en el escenario al aire libre de la estación. Los Breakers ponían sus altavoces y sus temas musicales favoritos, atrayendo así a muchos transeúntes.
Durante varios años, los Boyle Heights Breakers realizaron habitualmente sus prácticas en la Plaza del Mariachi. Compartían el espacio con los pasajeros de la estación de Metro, los mariachis y los aficionados a la patineta. Pero después de varios encuentros con agentes del Sheriff, debieron concluir sus prácticas el otoño pasado.
Según varios miembros, los agentes del Sheriff del Condado Los Angeles los obligaron a dejar de practicar y actuar en la plaza, amenazándolos con multas por violar las normas de la estación del Metro.
“Fue injusto porque usábamos el lugar correctamente. Un escenario está pensado para usarse”, dice Christopher Prossnitz, de 27 años, director de programas de Musician Corps, una organización sin fines de lucro a favor de la música. Prossnitz comenzó a practicar con los Boyle Heights Breakers el pasado agosto.
Las autoridades de Metro afirman que no se presentaron quejas ni recibieron información sobre citaciones a los bailarines del breakdancing. Pero los agentes del Sheriff señalan que es posible que se le haya pedido al grupo que se retirara porque sus actividades violaban algunos artículos del Código de Conducta de Metro, incluyendo las normas pertinentes a la seguridad, el ruido y los merodeadores.
El grupo tuvo dificultades para encontrar un nuevo sitio donde practicar. Prossnitz los ayudó a encontrar un lugar al incluir a los Breakers en la programación habitual de Musician Corps.
Un nuevo hogar
El grupo ahora practica los martes y jueves de 4 p.m. a 6 p.m. en el Centro de Tecnología para Jóvenes de Boyle Heights, ubicado en las calles 4th y Gless.
Si bien el grupo está muy contento de tener un lugar donde practicar, el espacio es muy distinto a lo que solía ser. El salón para practicar en el Centro de Tecnología tiene más espacio que el escenario de la Plaza del Mariachi y el piso es más uniforme, que son ventajas. Pero los Breakers no tienen la oportunidad de mostrar su baile al público, como era el objetivo inicial del breakdancing.
“Era mejor [en la plaza] porque era un lugar abierto para bailar”, dice Aquino, a quien le gustaba que “las personas que iban pasando por la calle se pararan a vernos bailar”.
Practicar en un espacio interior tiene ciertas ventajas. Por ejemplo, Samantha tiene la oportunidad de aprender esta danza en un lugar seguro e interior, lo que para su madre es algo muy importante.
Desde que los Breakers se volvieron parte de Musician Corps, también han tenido la oportunidad de realizar talleres y hacer presentaciones en varios lugares de la ciudad.
Prossnitz dice que más allá del lugar, el breakdancing ofrece muchos beneficios para los jóvenes.
“Hay mucha actividad de pandillas en Boyle Heights, y esto es una alternativa”, dice. “Ayuda a los jóvenes a aumentar su confianza y les da un sentido de comunidad y de pertenencia”.
Si bien la programación subvencionada de Musician Corps finalizará en junio, Prossnitz dice que el grupo espera poder continuar con las sesiones de práctica.