
Tenía siete años y cursaba el 4 º año me hablaron por primera vez de César Chávez. Hasta ese momento no sabía de ningún mexicano-estadounidense que hubiera cambiado el mundo.
Mi maestra, la Srta. Iñiguez-Gómez, era miembro del sindicato de maestros y le pareció importante compartir la larga tradición en nuestra historia como chicanos y latinos viviendo en Estados Unidos. Fue entonces que aprendí lo que significaba ser un indígena estadounidense y un chicano.
La reciente película sobre César Chávez, dirigida por Diego Luna, con la actuación de Michael Peña, es un buen comienzo para educar al público general sobre este individuo que trabajó por la comunidad marginalizada y maltratada de trabajadores agrícolas mexicano-estadounidenses, ya que para Chávez, todos se merecían una vida equitativa, con salarios justos y basada en el respeto.
La película comienza con una entrevista en la que Chávez explica cómo y por qué comenzó a organizar a las personas, y también el motivo por el cual él y su familia se mudaron a Delano, California. Las primeras imágenes muestran a Chávez como un elemento de influencia clave en el movimiento de trabajadores agrícolas, pero la película avanza para mostrar que el movimiento logró ganar independencia de esta figura. Uno puede apreciar esto cuando Chávez está en cama después de varios días de ayuno y los trabajadores agrícolas continúan movilizándose y organizando eventos del sindicato United Farm Workers (UFW, por sus siglas en inglés).
El organizador de UFW que nació y creció en Yuma, Arizona, era sin duda un ser humano imperfecto. Los personajes en la película me acercaron a la figura de Chávez, mostrándome su imperfección, pero al mismo tiempo destacaron su fuerte creencia en la lucha pacífica. A lo largo de la película aparecen pocas imágenes de él con su familia, especialmente con sus hijos. Su hijo mayor, al que llama “Poli”, es víctima de golpizas e insultos raciales en la escuela. Cuando Chávez habla con la policía sobre esta situación, su hijo se va. “Sabía que no entenderías”, le dice Poli a su padre. Más adelante en la película Poli deja el hogar, se hace mayor y recibe una carta de su padre pidiendo disculpas por haber estado ausente en su vida.
Si bien Chávez era un hombre cuyo concepto de justicia se basaba en valores católicos, la película no representó este aspecto. En vez, la película prácticamente seculariza su retórica pero usa una mezcla de símbolos católicos e indígenas, como Nuestra Señora de Guadalupe.
Después de ver que sus compañeros sindicalistas recurren a la violencia, Chávez se muestra en contra y comienza a ayunar. Su creencia en la lucha pacífica está muy bien representada con su ayuno.
Una de las escenas más impactantes en la película no es cuando Chávez aparece como una figura fuerte que se dirige a su movimiento con discursos inspiradores. Las escenas más impactantes son las que muestran a Chávez en su momento de mayor debilidad. En ese momento, cuando su cuerpo está debilitado y su mente desorientada debido al ayuno, es cuando revela su espíritu y su amor por los trabajadores agrícolas.
Michael Peña logra una excelente actuación al representar los valores, la buena voluntad y el sacrificio de César Chávez, sindicalista de UFW.