En el salón parroquial de Dolores Mission en Boyle Heights, miembros de la iglesia se reunieron para asistir a misa y reflexionar sobre el legado del Papa Francisco, quien falleció el lunes tras un pontificado de 12 años marcado por su compromiso con los migrantes, las personas marginadas y los pobres.
Uno a uno, los feligreses recordaron a Francisco como un hombre del pueblo—alguien que disfrutaba jugar fútbol, usaba el transporte público en su natal Argentina y actuaba como un unificador que “quería paz en todo el mundo”.
Patricia Veliz Macal, del Este de Los Ángeles, valoró los esfuerzos del Papa por abrir puertas “a la juventud, personas de diferentes orientaciones sexuales, mujeres y quienes nos hemos divorciado y vuelto a casar”.
Para Martha Sifuentes, quien ha sido miembro de Dolores Mission por décadas, “fue un honor tener un Papa latino”.
Al comenzar el servicio, el Padre Brendan Busse explicó que la misa en honor a Francisco—el primer pontífice latinoamericano y jesuita en la historia—no se estaba celebrando en el santuario de la iglesia, sino en un salón multiusos donde por las noches duermen hombres sin hogar y donde abogados de inmigración ofrecen consultas.
En el santuario, familiares y amigos se reunían para el velorio y rezo del rosario de Yolanda Gallo, una líder comunitaria reconocida como madre fundadora de la organización sin fines de lucro del barrio, Proyecto Pastoral.

El Papa Francisco, dijo Busse, “estaría muy feliz de saber que estamos aquí celebrando su misa en este salón”, mientras que Gallo, quien falleció a principios de abril, “ocupaba su lugar en la iglesia”.
Para Busse, el espíritu de Francisco estaba presente.
“Porque el Papa era alguien que sabía que el liderazgo del pueblo, el liderazgo de las mujeres, el liderazgo de los laicos en la iglesia es muy importante, es esencial”, dijo Busse, sacerdote jesuita.
Para los feligreses y líderes de Dolores Mission, una iglesia católica jesuita, su parroquia desde hace mucho tiempo encarna las enseñanzas humildes del Papa.
Fundada en 1925 para servir a los “inmigrantes pobres de habla hispana de la comunidad”, según su sitio web, la iglesia continúa sirviendo a los más vulnerables.
Es el lugar donde nació Homeboy Industries, ahora conocida como la organización de intervención y rehabilitación de pandillas más grande del mundo.
A través del Proyecto Guadalupe para Personas sin Hogar, parte de Proyecto Pastoral, la parroquia brinda refugio a hombres y mujeres en situación de calle. Y la Escuela Dolores Mission, ubicada en los terrenos de la iglesia, da prioridad a la juventud local del vecindario, sin rechazar a ninguna familia por dificultades económicas.

“Dolores Mission ha hecho lo que hizo el Papa: prestar atención a las personas necesitadas – personas que no tienen un lugar donde vivir y personas de bajos recursos”, dijo Sifuentes, quien colabora con Proyecto Pastoral.
Sifuentes, originaria de Sonora, México, destacó el papel creciente de la parroquia desde la elección del presidente Donald Trump, quien prometió deportar a “millones y millones” de inmigrantes.
Mencionó los talleres informando a residentes de sus derechos que Dolores Mission ha organizado en colaboración con organizaciones legales locales y líderes electos como la senadora María Elena Durazo. Y cómo la iglesia distribuyó tarjetas rojas con información sobre los derechos legales de los inmigrantes. Cuando estudiantes realizaron caminatas para protestar contra las políticas migratorias de Trump a principios de este año, Sifuentes dijo que Proyecto Pastoral los apoyó con bocadillos y agua.
“Me gustaría que [la iglesia] continuará el legado [de Francisco]”, dijo Sifuentes. “Espero que no elijan a un papa que sea demasiado conservador o racista. Ojalá Dios quiera que tengamos a alguien… que termine y continúe todo lo que [Francisco] hizo”.
Para Veliz Macal, el compromiso de Francisco con tender puentes entre religiones fue admirable. Recordó haber visto el mensaje de Pascua del Papa el domingo, en el que pidió nuevamente un alto al fuego inmediato en Gaza.
“Es un ejemplo de liderazgo”, dijo Veliz Macal.
Originaria de Guatemala, Veliz Macal se había alejado de la iglesia por un tiempo, pero encontró comunidad en Dolores Mission.
“Me gusta la voz progresista”, dijo. “Ellos [en Dolores Mission] creen en la justicia social, que es muy importante en este momento porque no podemos negar que hay injusticias. La iglesia es parte de eso, del pueblo”.
Alejandra Benavides, otra feligresa, compartió ese sentimiento. Ella había dejado la iglesia hace años después de sentirse desilusionada. Pero eso cambió cuando el padre Scott Santarosa, quien fue pastor en Dolores Mission, respondió a un llamado que otros ignoraron: bendijo a la madre de una amiga cercana que estaba muriendo.
Poco después, Benavides asistió a misa dominical en Dolores Mission—y desde entonces ha regresado todos los domingos.
Al igual que Francisco, Dolores Mission es “estar cerca de la gente”, dijo. “Eso es lo que él siempre predicó”.
